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En un año Mendoza triplicó su superficie sembrada de colza De 200 hectáreas en 2007 se pasó a 600 en 2008. Aún es poco: sólo el 2% de la plantación total del país. El fenómeno crece por ser base del biodiesel y reunir excelentes propiedades alimentarias. |
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Antes del 2006 prácticamente no existía en Mendoza. Pero de ese tiempo a esta parte la superficie plantada con colza ha crecido significativamente. Baste con decir que de 2007 a 2008 el porcentaje se triplicó. De 200 hectáreas se pasó a 600, aproximadamente, entre emprendimientos estatales y privados. La colza es una planta oleaginosa capaz de producir biodiesel, un combustible que, en 15 años, será clave para el desarrollo de una matriz energética intermedia capaz de discutirle el liderazgo a los combustibles derivados de restos fósiles. Además tiene excelentes propiedades alimentarias. Produce el tercer aceite comestible más consumido del mundo y de ella se obtiene una harina altamente proteica. No sería raro que, con estas características, cambiaran las reglas de juego en la economía mundial en el mediano plazo. No es imposible imaginar un escenario futuro en el cual gran parte del parque automotor mundial funcione con este combustible. Esto propiciaría un contexto ideal para que los países agrícolas den un paso al frente, sin olvidar que el precio por tonelada de semilla de colza pasó de U$S220 a U$S450 en un año. Sin ir más lejos, en 2010 las naftas y gasoil deberán cortarse, por ley, con 5% de biocombustibles en Argentina. Hay que aclarar que el que se produce con la colza no es el único. También existen pruebas muy avanzadas con girasol, topinambur y jatrofa en Mendoza y hasta alguna avícola mira la posibilidad de crear biodiesel con vísceras de pollo. Un ejemplo del avance en materia energética que podría llegar a significar el uso del biocombustible en base a colza, entre otros, es el proyecto de la Universidad Nacional de Cuyo: “En 2010 pretendemos que todo nuestro parque automotor funcione con biocombustibles”, detalló Dante Bragoni, responsable del Instituto de Energía de la casa de estudios (ver aparte). Por las particularidades del suelo mendocino, la colza debe sembrarse, invariablemente, con riego por surcos o artificial. De esta forma se logra un mayor rendimiento del suelo. “Aproximadamente 3.000 kilos de semilla por hectárea”, indicó Valeria Settepani, jefa de la Agencia de Extensión Rural de Santa Rosa. Por todo esto, durante 2007, el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) pudo comprobar que la tierra del sol y del buen vino puede abrir un gran espacio a la colza. A pesar del clima irregular, esta oleaginosa se desarrolla perfectamente, ha resistido a las nevadas registradas el año pasado y las heladas típicas del invierno mendocino. También necesita poca agua para crecer. Sin embargo, aún se sigue estudiando cuál es la mejor época del año para su siembra en la provincia. Los experimentos del INTA dicen que es a partir de la primera quincena de abril. Es que la colza es un cultivo de contraestación. Es decir, se produce durante el invierno, lo que permite su incorporación como cultivo adicional a explotaciones en tierras cuya principal actividad es otra. Luego de la cosecha y la extracción del aceite se obtiene como subproducto una harina proteica, útil para alimentar animales y con cierto valor económico. El aceite obtenido es sometido a un proceso llamado de transesterificación que produce biodiesel, el cual es separado por decantación. Otra ventaja del biodiesel de colza en comparación con combustibles fósiles es una reducción de los niveles de contaminación. |
| Fuente: Diario UNO | |
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